Pescador de hombres

December 21, 2018

 

Pescador de hombres
Letra: Cesáreo Gabaráin

Música: Cesáreo Gabaráin
Adaptación y producción : Fundación Canto Católico

 

Sin duda, nos encontramos ante una de las canciones católicas más conocidas en el mundo entero. Según cuenta la historia, el sacerdote español Cesáreo Gabaráin compuso esta hermosa melodía a orillas del mar de galilea, probablemente imaginando la escena del evangelio en que Jesús invita a Pedro y sus amigos a dejarlo todo para convertirse en “pescadores de hombres”. El texto sintetiza admirablemente el llamado que Cristo dirige a cada persona para seguirlo, y retrata vivamente la intimidad del corazón que se siente indigno de tal vocación. 

 

El desafío del arreglo musical consistió en encontrar el justo medio para resolver dos tensiones que rodean naturalmente la canción: su potencial emotivo y su gran popularidad.

 

Respecto de lo primero, hay que decir que cadencia de acordes escogida por Cesáreo Gabaráin y la secuencia melódica puede ser fácilmente interpretada de modo muy emocional. Si bien los afectos son parte de la experiencia divina, la madurez de la fe implica una fidelidad a Dios más allá de los sentimentalismos, firmemente arraigada en la determinación de la voluntad, comprendiendo los riesgos de una fe que camina al ritmo del oleaje natural de la afectividad humana. Tratamos de evitar, por lo tanto, que la canción fuese percibida como una balada romántica, pero también evitamos quitar toda emocionalidad, para reflejar con claridad que el seguimiento de Cristo no es un asunto meramente intelectual. De entre todos los matices emocionales, optamos por remarcar aquellos afectos que provienen de las profundidades del alma humana, evitando los que, pudiendo ser muy intensos, sin embargo, son de carácter pasajero. Hemos escogido así resaltar la nobleza y la hondura del llamado de Cristo, así como la virilidad de la respuesta sincera. Para lograr estas emociones, decidimos presentar la canción en una tonalidad más grave (Do mayor) que la versión original (Re mayor), lo que a su vez exigía que el intérprete tuviese una voz capaz de sentirse cómoda en este registro. Tanto la nobleza, como la hondura y la virilidad las pudimos ver identificadas en un instrumento poco común, el corno inglés, pariente grave del oboe, el cual fue acompañado por una pareja de cornos franceses, conocido instrumento de bronce que está asociado a la realeza y al anuncio de sucesos importantes. Este trío, sostenido por el piso armónico del cuarteto de cuerdas, fue la respuesta a nuestra necesidad de hacer resonar los rincones más profundos del alma humana. Por otra parte, respecto de la natural alegría que posee la canción, escogimos el matiz propio del gozo sereno, propio de quien ha saboreado internamente en su corazón la dulzura de la amistad divina y se siente seguro de ella. Para esto, elegimos un tempo más lento, desmarcándonos así de la velocidad propia de la alegría de carácter más bien pasajero.

 

Respecto de la segunda tensión mencionada, a saber, la gran popularidad del “Pescador de hombres”, hay que decir que una canción tan conocida no podía ser presentada de una manera completamente nueva, pues se sentiría ajena por la mayor parte de los fieles, pero tampoco se podía presentar sin variaciones, debido al riesgo de ser percibida como una simple réplica más de la versión original. Para lograr este equilibrio, se optó por conservar la estructura general de la canción y también la melodía original, excepto por una pequeña variación en el segundo verso de cada estrofa que es característica del modo en que los fieles chilenos han asimilado este canto. No obstante, se hizo un guiño a la versión original en la tercera estrofa, en la cual se optó por seguir la melodía grabada por Cesáreo Gabaráin, a modo de homenaje.

 

Entre las novedades de este arreglo está la propuesta de acordes. Cada estrofa es interpretada con una combinación de acordes diferente, tratando con ello de reflejar los diversos matices del llamado de Cristo que propone la letra. La primera estrofa está atravesada por el asombro de sentirse escogido entre la multitud. La segunda manifiesta la desigualdad que hay entre Jesús y su discípulo, quien reconoce su propia pobreza delante de Dios. La tercera retrata la necesidad que tiene Cristo de que sus discípulos entreguen Su Amor a los demás hermanos, para que ellos lo puedan conocer. Finalmente, la cuarta estrofa, que es interpretada por el coro, evidencia la fecundidad de la pesca, que encuentra su eco en la multitud de fieles que gracias a la incansable labor de sus predecesores han hallado amistad con Jesús y le reconocen como la verdadera ansia de su corazón. 

 

Respecto de los estribillos, los acordes se mantienen prácticamente inalterados, ejecutándose ligeras variaciones mediante la intención del cantante. El primer estribillo, sí, cuenta con ciertas pausas en el acompañamiento de guitarra que extienden el sentimiento de asombro de quien se sabe escogido de entre la multitud. Los últimos estribillos, en cambio, son de marcada diferencia respecto de los anteriores. El penúltimo es cantado por el coro de fieles, y es acompañado por el contracanto del discípulo que, siendo a la vez pescador, también se reconoce parte de la pesca de Jesús. Finalmente, este mismo discípulo interpreta el estribillo a solas, con un tempo marcadamente más lento, como sugiriendo que en el atardecer de su vida vuelve a recordar aquel primer llamado que dirigió Cristo a su corazón, repasando junto a su Maestro la hermosa historia de amor y misericordia que ha escrito la pluma del Señor, y los incontables frutos de tantos años arrojando las redes al mar. El canto acaba sugiriendo que este discípulo finaliza sus días en mar de esta vida terrenal, para salir a buscar, junto a Jesús, el mar de la vida eterna. Esta eternidad queda retratada por la aguda nota que sostiene el violín durante los últimos compases, pues simboliza lo inmutable en contraste con los múltiples cambios de acordes del resto de los instrumentos. 

 

Le pedimos al Señor para que el trabajo que realiza la Fundación Canto Católico, puesto en las generosas manos de Dios, se convierta en un eficaz medio para que muchos otros peces sean atrapados por las redes de Jesús, y así también se conviertan en pescadores de otros hombres que aún no conocen el amor del Señor. Así sea.

 

 

Pescador de hombres

 

Tú has venido a la orilla,
No has buscado ni a sabios ni a ricos.
Tan sólo quieres que yo te siga. 

 

Señor, me has mirado a los ojos,
Sonriendo has dicho mi nombre.
En la arena he dejado mi barca:
Junto a Ti buscaré otro mar.

 

Tú sabes bien lo que tengo,
En mi barca no hay oro ni espadas,
Tan sólo redes y mi trabajo.

 

Señor, me has mirado a los ojos,
Sonriendo has dicho mi nombre.
En la arena he dejado mi barca:
Junto a Ti buscaré otro mar.

 

Tú necesitas mis manos,
Mi cansancio que a otros descanse,
Amor que quiera seguir amando.

 

Señor, me has mirado a los ojos,
Sonriendo has dicho mi nombre.
En la arena he dejado mi barca:
Junto a Ti buscaré otro mar.

 

Tú, pescador de otros lagos,
Ansia eterna de almas que esperan.
Amigo bueno que así me llamas.

 

Señor, me has mirado a los ojos,
Sonriendo has dicho mi nombre.
En la arena he dejado mi barca:
Junto a Ti buscaré otro mar.

 

Señor, me has mirado a los ojos,
Sonriendo has dicho mi nombre.
En la arena he dejado mi barca:
Junto a Ti buscaré otro mar.

 

 

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